Jose Luis Muñoz en De Mes en Cuando

¡¡ATENCIÓN!! EDITADO con la entrevista del autor.

 

El próximo Lunes 9 de Febrero a las 22 horas recibiremos en el Café Piaf a Jose Luis Muñoz (Salamanca, 1951), que nos deleitará con "Cuatro Microrrelatos".

Novelista y articulista, ha sido galardonado con los premios Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón y Camilo José Cela, entre otros. Dentro del campo de literatura de viajes ha publicado numerosos trabajos en las revistas Traveler, Viajes National Geographique y Nómadas. Durante quince años colaboró en las revistas Playboy y Penthouse, con relatos y reportajes, y fue durante 10 años columnista de opinión de El Sol y El Periódico.

Entre sus novelas destacan Pubis de vello rojo, Lifting, El Barroco, Barcelona negra, Lluvia de níquel, El cadáver bajo el jardín, Mala hierba, La casa del sueño, Último caso del inspector Rodríguez Pachón, La caraqueña del Maní y la trilogía sobre el descubrimiento de América La pérdida del Paraíso. Su última novela, un thriller que gira alrededor del Holocausto, El mal absoluto (Algaida, 2008), obtuvo el premio Ciudad de Badajoz. A principios del 2009 publicará El corazón de Yacaré (Imagine Ediciones). 

Os esperamos el próximo Lunes en el Piaf (C/Buensuceso, 13 - Granada).

EDITADO: Jose Luis tuvo la amabilidad de contestar la ya clásica entrevista a los autores de "De mes en cuando". Lleva en mi bandeja de entrada desde el 3 de febrero, pero yo, entre tanto spam, no la había visto... Así que entono el mea culpa por el retraso. ¡Que la disfrutéis!

 

 

1. ¿Recuerdas a qué edad empezaste a escribir?

 

 Fui un escritor extraordinariamente precoz, casi desde que tuve uso de razón. A los seis años escribía cuentos; a los siete terminé mi primera novela, una del Oeste con 130 páginas. Cuatro años más tarde escribí algo parecido a la conquista del Oeste, con casi mil páginas que debo tener en algún cajón. Y también me acuerdo, curiosamente, de una sobre Auschwictz adonde, mira por donde, he vuelto ahora con EL MAL ABSOLUTO, mi novela sobre el Holocausto y la condición humana que salió en el 2008 publicada por Algaida.

 

2. ¿Siempre has escrito cuento o has probado suerte en otros géneros, como la poesía y la novela? ¿Y en cuál te sientes más cómodo?

 

He probado todos los géneros y recurro a la poesía para expresar emociones muy íntimas. Sin embargo, mis poemas no interesan a nadie. En donde mejor me desenvuelvo es en la narrativa, tanto relato como novela, lo que ocurre es que mientras en el campo de los relatos sólo he conseguido publicar tres libros, porque no es un género que agrade a los editores, en la novela voy por mi libro veintidós.

 

 3. ¿Qué lugar das a la escritura en tu vida cotidiana?

 

Yo digo que, para mí, escribir es como respirar, y si no escribiera seguramente haría tiempo que habría muerto a consecuencia de mis depresiones. La escritura me ha ahorrado un montón de facturas de psicoanalista. Escribir es una forma de vida, para el escritor, que llega un momento que vive para la literatura y literaturaliza su vida. No hay otra forma, creo yo, que hacerlo así, engancharte a lo que escribes para enganchar al lector. Escribir es un acto de pasión, no se puede hacer desde la frialdad o la indiferencia, al menos en mi caso, y es fuente de satisfacciones, pero también de amarguras.

 

 4. ¿Te mueves en ambientes literarios?

 

No por ganas, realmente, pero cuando publiqué mis dos primeras novelas, que se llamaban EL CADÁVER BAJO EL JARDÍN y BARCELONA NEGRA, y tuvieron la suerte de ganar sendos premios importantes, el Tigre Juan y el Azorín, fui catalogado, de inmediato, como escritor de serie negra, porque ambos libros se editaron en la magnífica Etiqueta Negra de Silverio Cañada y Paco Ignacio Taibo II, con unas maravillosas cubiertas negras, y fui invitado a la Semana Negra. En ese evento, que concita cada año a multitud de escritores internacionales que cultivan el género negrocriminal y al que suelo ir todos los años, hice mis mejores amigos entre los escritores: Juan Bas, Fernando Marías, Andreu Martín, Francisco González Ledesma, José Carlos Somoza, Raúl Argemí, Nerea Riesco...Acostumbro ir a los saraos para saludar a los conocidos, aunque hubo un tiempo en que era muy escéptico hacia ese tipo de reuniones en las que hay, como en todos sitios, banderías, exclusiones, miradas por encima del hombro y todas esas tonterías, y ese ambiente estúpido de escritores y críticos por encima del bien y del mal lo reflejé en LIFTING, una novela de humor muy ácido sobre la profesión de escribir y sobre los cainitas de turno que uno se encuentra por el camino. Los míos, muy visibles, los puedo contar con los dedos de una mano.

 

 5. ¿Supera la realidad a la ficción? 

 

 La supera y la imita. Hay sucesos que uno lee en el periódico que no escribiría, por falta de realismo, y luego lees que se producen en la vida real. El famoso caso del caníbal alemán que citó a su víctima a través de Internet deja en pañales a Hanibal Lécter. Las brutales matanzas que se desarrollan en los círculos criminales de México hacen que la violencia de nuestras novelas sea cosa de niños. Los límites entre ficción y realidad son muy finos, y se mezclan cuando uno escribe. El escritor capta muchas cosas de la realidad, coge prestados personajes, clona formas de hablar y le da a todo eso un armazón literario. El escritor es un observador de la realidad y está siempre en guardia, con la mente y los ojos muy abiertos para que no se le escape nada de lo que sucede a su alrededor.

 

 6. ¿Tienes modelos en tu vida? ¿Cuáles son tus autores favoritos? 

 

 La época en que más leí fue a los quince, hasta los dieciocho años. Leía en todas partes y hasta cuatro libros a la semana. Mi padre tenía una biblioteca con miles de volúmenes y eso me aficionó a la literatura. No se me olvida, fácilmente, el placer de leer casi todas las novelas de Jack London, un escritor extraordinario que me hacía soñar. Y también Robert Louis Stevenson, a quien he vuelto ahora, hace poco, para disfrutarlo. Hubo una época en que me leí a todos los rusos, me fascinaba Dostoievski y Tolstoi. La lectura de LA MONTAÑA MÁGICA de Thomas Mann, que la abordé durante la convalecencia de una operación, fue otro de los momentos maravillosos de satisfacción literaria. Me gustan los últimos nobeles, Jelinek, Coetze, porque revolucionan el lenguaje literario. Y el lapidario Thomas Bernard. Y Milan Kundera. De los novelistas negros me quedo con Patricia Highsmith, el francés Thierry Jonquet, algunas novelas de Jim Thompson, Francisco González Ledesma, entre los españoles, alguna novela de Vázquez Montalbán, GALÍNDEZ, en especial, y MAÑANA MORIRÉ, de Fernando Marías, que acaba de reeditarse en 451, y me parece una novela fuera de serie.

 

 7. A pesar de lo poco que se lee hoy en día, ¿crees que el escritor tiene esperanzas

 

 Es un panorama contradictorio. Se lee poco y se publica mucho. Se editan miles de títulos al año y se venden sólo unos pocos, pero esos pocos se venden a millones. El editor va, a ciegas, en busca del bestseller que le salve la cuenta de resultados. En estos tiempos de crisis que nos tocan vivir creo que el libro es un refugio barato para sobrellevar la tempestad. Mi gran temor es que los hábitos lectores se pierdan en las generaciones futuras, que muchos jóvenes de hoy tienen dificultades para comprender lo que leen. Pero la literatura existirá siempre, porque nace del pensamiento, del corazón, de dentro, aunque quizá cambien los sistemas de acceso a ella. Hay quien apuesta por el ebook. Yo soy más tradicional, romántico y fetichista, y sigo creyendo en el libro de tapa dura y papel. Cuando voy a una librería disfruto hojeando los libros, mirando sus portadas, comprando. Hoy Internet también es un campo de desarrollo literario, cualquiera puede colgar un blog en la red, y yo mismo tengo uno, LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO, con el que estoy medianamente satisfecho y registra un promedio de 600 visitas semanales.

 

 8. ¿Escribes con el mismo entusiasmo que cuando empezaste?

 

 La edad modera las pasiones, también la de escribir. De joven, cuando era universitario, era un escritor compulsivo, que escribía en cualquier momento y lugar. Recuerdo que gastaba las servilletas de los bares en escribir relatos y era un adicto a la escritura automática. Cuando empecé a publicar me volví más responsable, menos anárquico. Pero la magia de la escritura perdura, por fortuna, porque de no ser así lo habría dejado. Y el proceso sigue siendo maravilloso. Hay muchas veces en que siento que escribo al dictado de alguien; otras en los que la historia que escribo me atrapa, o los personajes se rebelan al destino que les tengo prefijados. Uno, dentro de una novela, pretende ser dios, controlarlo todo, sentirse por encima de los personajes que pululan por ese universo que has creado, pero no siempre lo consigue. El acto de escribir guarda placeres inesperados.

 

 9. ¿Puedes escribir a la vez que haces otras cosas o necesitas silencio absoluto?

 

 Depende del momento. Pero sí, últimamente, necesito silencio absoluto, concentración y nocturnidad. Durante años he sido escritor de noche que se iba a la cama a las dos o las tres de la madrugada. Cuando me encuentro inspirado no puedo dejar de escribir. El récord lo conseguí, hace años, con una novela histórica titulada LOS RITOS SECRETOS, sobre las persecuciones de los judíos en tiempos de los Reyes Católicos, que escribí en sólo 24 horas, de un tirón. Normalmente, cuando escribo, suelo irme a la cama soñando con mis personajes. Eso me ocurrió durante el año largo que empleé en escribir LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, la novela que más satisfacción me dio, una inmersión total y absoluta en los tiempos del Descubrimiento de América: por las noches soñaba con los paisajes, con los personajes, con sus aventuras; por el día lo plasmaba en el ordenador.

 

 10. ¿Qué te parece esta experiencia de De mes en cuando?

 

 Pues la creo muy interesante, porque es enfrentar directamente al escritor con su obra y con sus lectores, que le escuchan. Lo ideal sería, quizá, que fuera DE SEMANA EN CUANDO. Los cafés literarios son una tradición de nuestras letras que debería recuperarse y la del Café Piaf es muy loable en ese sentido. Nada más hermoso que un espacio en donde los lectores pudieran encontrar a sus autores para hablar de sus libros, de sus proyectos. 

 

 11. ¿Qué le dirías a un escritor novel si te pidiera consejo?

 

Que sea muy fuerte, que no se desaliente si cree en sí mismo, y que el camino es largo y doloroso, que ha de hacer en solitario, como un corredor de fondo, y que no vale sólo el tener unas actitudes literarias, que son fundamentales, por supuesto, sino que hay que trabajar muy duro, tender a la perfección, llamar a todas las puertas, hasta que una se te abra y te permita exponer lo que escribes al público. Por fortuna, en ese aspecto, España es un país de enormes posibilidades para los autores por la cantidad de premios literarios que se convocan. Yo le debo mucho a los premios literarios, todo. He ganado unos cuantos y eso me ha permitido llegar a lectores. 

 

 

 12. ¿Concursos sí, concursos no?

 

 Concursos sí, absolutamente, aunque todos sepamos que los grandes premios, los que tienen una suculenta bolsa de dinero, están absolutamente amañados desde el principio, salvo contadísimas excepciones. Se podría escribir una novela negra sobre el mundo de la corrupción literaria, los amaños de los premios, las presiones sobre los jurados, las compras de votos… El concurso no es un proceso perfecto, porque primero está el criterio de los que seleccionan las obras, que no siempre es ecuánime, y después los gustos particulares del jurado, pero de todas formas sigue siendo el camino más directo para abrirse camino en el proceloso mundo de la literatura.

 

13. ¿Lees best-sellers?

 

Pues confieso que es una enfermedad de la que debo curarme: no. Y debería hacerlo, aunque sólo fuera para descubrir las razones del éxito de algunos libros que ni siquiera escriben los que dicen ser sus autores, como ha sucedido con uno de los grandes éxitos editoriales españoles de los últimos años, o con uno de los más prolíficos “escritores” que se limita a firmar los libros que le presentan sus negros. Confieso no haber leído LA SOMBRA DEL VIENTO, por ejemplo, de ser uno de los pocos españoles que no ha comprado la novela de Ruíz Zafón. Pero es que con los libros que me llegan de mis muchos amigos escritores ya tengo el tiempo hipotecado por muchos años.   

 

 14. ¿En qué estás pensando ahora mismo?

 

Literariamente en dos cosas. En la promoción de EL CORAZÓN DE YACARÉ, una novela que sale en muy pocos días en Imagine Ediciones, que ya está en imprenta, y es inclasificable, en cuanto a técnica literaria, con continuos saltos temporales y diversos puntos de vista, con muchas voces en un mismo libro, un cóctel de géneros ya que toca el negro, el erótico, el político, el fantástico y el romántico; y en la escritura de una novela muy compleja, muy larga, un proyecto arduo, que camina con lentitud porque he de documentarme mucho, pero que si la acabo me producirá una gran satisfacción: novelar la conquista de México por Hernán Cortés aportando los dos puntos de vista, el de los españoles y el de los aztecas, dos acciones paralelas que se juntan al final en la Noche Triste. Y sí, ya sé que lo han hecho otros escritores, László Passuth, entre otros, pero me apetece hacerlo a mí, y es un gusanillo que tengo hacia la novela histórica y épica desde los tiempos en que escribí LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO y que sé que no voy a poder saciar porque la vida es breve y necesitaría muchas, pero muchas, para escribir todo lo que tengo dentro de mi cabeza. 

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